El legado de la Antigua Grecia a la Libertad: Los Espíritus de la Ira

 

Roderick T. Long

Artículo publicado originalmente en Libertarianism.org con el título Ancient Greece’s Legacy for Liberty: The Wraiths of Wrath. Traducido al español por Keila Yuwono, Miembro del Consejo Ejecutivo de Estudiantes por la Libertad y Directora Regional de Students for Liberty Puerto Rico
♦♦♦

Long expresa el proceso del castigo y la justicia penal en Euménides de Esquilo.

   Una de las exploraciones más sutiles y complejas de las ideas políticas en cualquier tragedia griega sobreviviente se encuentra en Euménides de Esquilo, la obra final en su trilogía Orestiada. [1]

   Cuando comienza la obra, Orestes es perseguido por Furias, espíritus de retribución divina, como venganza por haber matado a su madre Clitemnestra, quien lo realizo como venganza por el asesinato de su padre Agamenón, un acto, que a su vez fue motivado en parte como venganza de parte de Clitemnestra porque Agamenón sacrificó en un ritual a su hija Efigenia. [2] (Las tardes alrededor de la mesa deben haber sido incómodas). Orestes llega a Atenas, como los suplicantes extranjeros generalmente lo hacen en el drama griego, y le pregunta a la diosa Atenea: Patrona divina de Atenas, por la protección contra las Furias. Las Furias a su vez establecen la necesidad social de las instituciones de castigo:

Aquí está el derrocamiento de todos las leyes imberbes,

si el reclamo de este parricidio se mantiene provechoso,

su crimen permanece.

Si continua así,

cada hombre encontrará una oportunidad para ejercer su propio capricho;

una y otra vez, en el por venir,

los padres deberán esperar

el impacto de la muerte en las manos de sus hijos. …

Hay momentos en que el temor es beneficioso.

Pero debe de mantenerse atento en las observaciones irracionales.

Allí, se encuentra la ventaja de la sabiduría aventajada a través del dolor.

Debería la ciudad,

si el hombre posterior a sus entrañas se encamina con recelo,

¿Cómo puede  tal?, ¿Guardar respeto del derecho?. [3]

   El dios Apolo, en cambio, aparece como el defensor de Orestes, sopesa con repugnancia la obsesiva represalia de las Furias:

Este hogar no es un espacio adecuado para aferrarse;

pero en donde, por juicio otorgado,

se tajan las cabezas, se extirpan los ojos, se seccionan las faringes

y por el despojo del sexo, la reputación de los jóvenes es destruida,

donde el cercenamiento de  vidas,

lapidación y de extenso gemido de hombres torturados,

Atravesados debajo de la espina dorsal y obstruidos.

Escucha  como los dioses esputaron la manera de esa fiesta

tus amores se inclinan a. [4]

   Atenea, en benévola (y de nuevo anacrónica), una moda democrática ateniense, somete el tema a decisión del jurado; sin embargo, cuando los votos se reparten por igual, le corresponde a Atenea emitir el voto decisivo. Pero ella, se niega a situarse inequívocamente del lado de las Furias o de su hermano Apolo. En contra de las Furias, Atenea escoge disolver a Orestes de sus cargos, y culminar el ciclo de resarcimiento. Al mismo tiempo, rechaza la actitud desdeñosa de Apolo para con las Furias, insistiendo en que el desquite merece un lugar indestructible en las instituciones sociales. Ella, le manifiesta a Orestes:

El asunto es demasiado extenso para cualquier mortal que piensa que, puede juzgar.

Incluso, yo no tengo el derecho para examinar los casos de asesinato;

donde el borde de la ira está más que claro,

y mucho menos desde que te presentas,

y te aferras a un peticionario honesto e inocente,

En contra de mi paso..

No traes caos a mi ciudad.

Y Yo respeto tus derechos.

Sin embargo, las Furias de igual manera, cuentan con una labor.

Así, que no podemos evadirlas,

Y si este hecho se efectúa de forma que no se pueda exceder.

Las consecuencias de la resolución tornaran;

para infestar el suelo y enfermar toda mi tierra hasta la muerte.

Este es el dilema. Si les dejo quedarse o descontrolarse,

es un tema complejo  y conllevaría mortificación. [5]

   Pero mientras que las Furias causen estragos, al ser reprimidas, se deberá permitirles obtener la rienda suelta, no es menos dañino para el orden social. Por dicha causa, Atenea inquiere, en última instancia, pero con triunfo, “domar” a las Furias, incorporándolas a la comunidad ateniense. Su imploración a las Furias es la siguiente:

No se enfurezcan más con esta tierra

ni acarreen su mayor odio …

En integra honestidad les prometo un sitio propio,

oculto debajo del campo y suyo por derecho

donde se sentarán en asientos resplandecientes al lado de su morada;

Para admitir devociones ofrecidas por sus habitantes.

No gesticulen con ira;

para  que este polvo sea inhabitable para los  hombres mortales …

Interrumpan ese amargura en la oleaje negruzco,

y habita conmigo y comparte mi presunción de admiración. …

En la posición  de eminencia junto a Erecteo en su morada

deberá sobrepujar a las féminas y a los  masculinos

más que todas las tierras de hombres que jamás podrían conceder.

Solo en este sitio,

no inflige el sangriento estímulo para retorcer los corazones internos de hombres jóvenes,

Airados en un furor,

como si les arrancara el corazón en una pelea de gallos,

esquejar entre mis conciudadanos ese espíritu por la  guerra,

Convierte su furia interior por la batalla entre si…

Entrego una vida, para ser tomada.

Así, que haz el bien, recibe el bien y sé honrado … [6]

   En conclusión, la sanción cívica consagra al espíritu de ajuste y lo templa.

   La percepción, de las pasiones humanas, reflejadas en las fuerzas divinas que abolirán a la sociedad, si se encuentran totalmente cohibidos, y de alguna manera deben ser honradas, a pesar de su dominio nocivo, es adherible el tema de Las Bacantes de Eurípides, cuyo héroe Penteo está arruinado, el resultado de su intento de suprimir el culto a Dionisio. Igualmente, no se pueden observar las Euménides de Esquilo como una anticipación del mercader de Venecia de Shakespeare, en el que Shylock, un digno representante de una antigua religión de retribución (como la audiencia de Shakespeare habría contemplado el judaísmo), es requerida por el sabio, Atenea. como la aria femenina Portia para abandonar su búsqueda de venganza y convertirse a la religión de misericordia más imberbe. [7]

   El compromiso de Atenea entre la vendetta desenfrenada y atestadamente reprimida se concentra con el deber político entre la libertad desmesurada y el despotismo sin mitigante. Dicha obligación es ovacionada  por el coro de Furias:

Rehuir de la vida en anarquía;

Apartarse de una vida dedicada a un maestro.

El entreacto mantiene el poderío,

por la concesión duradera de Dios,

Aunque sus estatutos permuten. [8]

– y por la propia Atenea:

Sin anarquía, sin reglas de un solo mentor.

Así aconsejo a mis conciudadanos a gobernar con gracia;

para no atemorizar a la ciudad. [9]

   Posiblemente, el ciclo interminable de la vindicta justificada por las Furias, simboliza la anarquía, mientras que la supresión completa de la misma personifica el despotismo. (Se podría enfatizar la asociación de otra forma, pero el contexto parece apoyar la versión posterior). La vida política y el estado de derecho, constituyen un caudal entre la revancha desenfrenada y la agobiada. [10]

   Adicional a ello en el juicio de Orestes, donde incluye ciertas políticas de género singulares. La alternativa entre las Furias (deidades femeninas subterráneas) y Apolo (un dios solar masculino), como lo presenta Esquilo, se presta bastante bien a la teoría antropológica popular del conflicto de interés, entre las deidades de la madre tierra más antiguas relacionadas con los pueblos agrícolas, y las nuevas deidades del padre-cielo agremiadas con los pueblos nómadas que los conquistaron. Asimismo, en Esquilo, las Furias son vindicadoras, no de todas las mortandades, sino más bien, de asesinatos que involucran lazos de sangre; de ahí su aflicción de que, Orestes haya ejecutado a su madre, pero no porque Clitemnestra haya decapitado a cónyuge: [11]

– Expresar su glorioso privilegio.

– Esto: sacar a los matricidas de sus hogares.

– Entonces

¿Y si una mujer asesina a su consorte?

– Tal crimen no sería el derramamiento de sangre vinculante. [12]

   Apolo, por el contrario, a pesar de su repudio por el desafío como una “fiesta … los dioses declararon”, en efecto, no tiene ningún problema por el desagravio de Orestes contra su primogénita. Justifica esto en parte por su convicción de que “el amor consensuado entre un hombre y una mujer es más significativo que los juramentos, protegido por el derecho natural, [13] (de modo que la traición de una mujer a su consorte es un asunto severo de lo que las Furias pueden admitir), dado que los papeles de sus antepasados, sexualmente eran activos y pasivos, por lo que el matricidio es un asunto menos serio que el parricidio:

La primogénita no es el procreador que emplaza al fruto,

Sino la cuidadora  de una semilla recién plantada,

Que se genera dentro del primogénito.

Sino más bien, ella preserva la semilla de un desconocido,

si Dios no interviene. [14]

   Por absurda que esta teoría nos parezca sobre la sexualidad, fue fácilmente aceptada en la antigua Grecia. [15] Sin embargo, en consecuencia a Apolo en el matricidio, no sería un enorme inconveniente, ya que, no habría sido aceptado de manera similar; en un gravamen en las nubes de Aristófanes, propone que el ateniense promedio habría encontrado la violencia contra la mujer más impactante que la del hombre. [16]

Las Furias plantean otras objeciones al argumento de Apolo, apelando a hechos en la mitología griega:

Zeus, según su historia, acepta la muerte del primogénito.

Sin embargo, Zeus mismo encadenó al viejo Crono,

Su padre [en el inframundo]. ¿No es esto una contradicción? [17]

   Aparentemente, sintiéndose obligado en elegir entre los argumentos embusteros de las Furias para diseñar la complejidad del asunto, para con su cónyuge, y los de Apolo para con su madre, Atenea opta por favorecer a Apolo (y con Orestes), infiriendo en que, ella floreció del cráneo de Zeus, en secuela, debe ser “para el hombre” ya que “ninguna mujer … me dio a luz”. [18]

   Específicamente, esta es la razón, por la que se amparó a Orestes, se le convida a la audiencia de Esquilo, habiendo nacido de una manera normal, sin razón para compartir su discernimiento. A pesar del aparentemente feliz final de la obra, con la liberación de Orestes, las Furias aplacadas y el ciclo de violencia puesto en fin, las contrariedades principales podrían quedar irremediablemente resueltas. Como analizaremos, en varios escritores griegos anteriores, quienes examinaron, favorablemente tanto a las mujeres como a la anarquía, y en menor mesura al castigo retributivo, que la Atenea de Esquilo.


Referencias:

[1] Agamemnon, Libation Bearers, and Eumenides.

[2] The fortunes of this family were a popular subject of Greek tragedy.  In addition to Aeschylus’s trilogy and Sophocles’ Electra, five of Euripides’ surviving plays – Iphigeneia in Aulis, Electra, Iphigeneia in Tauris, Orestes, and marginally Andromache – deal with the legend. It has also been a popular subject for such later playwrights as Lucius Annæus Seneca, Jean Racine, Johann Wolfgang von Goethe, Hugo von Hofmannsthal, Eugene O’Neill, Jean Giraudoux, Jean-Paul Sartre, Mircea Eliade, Ezra Pound, and Marguerite Yourcenar.

[3] Aeschylus, Eumenides 490-525; Richmond Lattimore translation, in Lattimore, ed., Aeschylus I:  Oresteia (University of Chicago Press, 1953), pp. 152-153.

[4] Eumenides 185-192; Lattimore translation, p. 141.

[5] Eumenides 470-481; pp. 151-152.

[6] Eumenides 800-868; pp. 163-185.

[7] Of course the other major Shakespearean updating of the Oresteia legend is Hamlet, whose lead character combines aspects of both Electra and Orestes.

[8] Eumenides 526-531; p. 153.

[9] Eumenides 696-698; p. 160.

[10] I’m simply describing Athena’s solution, not endorsing it.  For my own critique of legal punishment, see Roderick T. Long, “The Irrelevance of Responsibility,” Social Philosophy and Policy 16.2 (Summer 1999), pp. 118-145. And for my own defense of anarchy, see Roderick T. Long, “Market Anarchism As Constitutionalism,” in Roderick T. Long and Tibor R. Machan, eds., Anarchism/Minarchism: Is a Government Part of a Free Country? (Aldershot:  Ashgate, 2012), pp. 133-154.

[11] Iphigeneia’s death oddly seems to have been forgotten by this point.

[12] Eumenides 209-212; p. 142.

[13] Eumenides 217-219; p. 142.

[14] Eumenides 658-661; p. 158            .

[15] Such a theory is often attributed to Aristotle.  But although Aristotle’s view comes uncomfortably close to the one Apollo defends in Eumenides, it is a bit more sophisticated.  For discussion, see Daryl McGowan Tress, “The Metaphysical Science of Aristotle’s Generation of Animals and Its Feminist Critics,” in Julie K. Ward, ed., Feminism and Ancient Philosophy (New York:  Routledge, 1996), pp. 31-50; and Kathleen C. Cook, “Sexual Inequality in Aristotle’s Theories of Reproduction and Inheritance,” likewise in Ward, pp. 51-65.

[16] Aristophanes, Clouds 1441-1450.

[17] Eumenides 640-642; p. 158.

[18] Eumenides 736-737; p. 161.  In some versions of the traditional myth, Athena did have a mother, Metis, whom Zeus swallowed while she was pregnant, out of fear that she would bear a child mightier than himself.  Evidently Aeschylus is not following that version of the story here.

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