Reflexiones en torno a la democracia liberal y el populismo

 

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Nos desayunamos todos los días con titulares y noticias que anuncian el fin de la democracia liberal. Hace 20 años, nos hablaban del Fin de la Historia, donde después de la bipolaridad posguerra y del fracaso de la experiencia soviética, la democracia liberal iba a ser el devenir, acompañada de un triunfo del capitalismo.

Los finales nunca son inocentes, siempre tienen un mensaje en su finalidad. Vivimos en tiempos –como establece Jorge Del Palacio– de Populismo, el cual:

“reside en que abandera un discurso que critica la democracia, pero lo hace en su propio nombre. Moviliza el lenguaje, los conceptos y los recursos que son propios de la democracia, pero lo hace para socavar su naturaleza liberal y pluralista. Y lo hace en nombre de una regeneración política y moral de la sociedad con sede en la soberanía del pueblo”

Cuestión no menor a tratar: el auge de los populismo en la política mundial. A consecuencia de, entre otros factores, el desencanto con la política tradicional, la cual no satisface las necesidades, ni los requerimientos, de ese relato emocionante que sustente sus existencias dentro de un marco societario. La democracia está tan trastornada en sus bases que aquellos que la socavan, anulando toda opinión disidente y toda libertad política, justifican su accionar en defensa de la democracia popular.

El pueblo es el eje de la dialéctica populista, que ve en él la constitución de una masa a beneficiar; una masa que sustenta su acción política, sumisa al líder, con una relación de beneficio mutuo: otorgamiento de derechos por un apoyo incondicional e irracional.

La sustentabilidad económica no es compatible con la acción populista -generalmente-, en tanto que dicha sustentación de esa masa, se ve sostenida por la irresponsabilidad fiscal, monetaria y cambiaria, entre otras. Lo público surge como el espacio de beneficio al pueblo, como acto mágico. Milton Friedman ya nos explicaba que no hay tal cosa como un almuerzo gratis. Todo cuesta.

El populista no ve en la economía una traba, en tanto el discurso que explica las dificultades económicas, el déficit fiscal,etc., sino en la cohesión societaria en torno al otorgamiento de los derechos, de las reclamaciones históricas. Sin mediar en sí, un Estado puede tomarse el lujo de repartir agua por doquier en un desierto. Las crisis económicas son explicadas con la acusación al neoliberalismo y al capitalismo global, fogueadas desde la intelectualidad y las instalaciones educativas (dependientes del financiamiento del populista).

La clave está en los falsos imaginarios colectivos:

“el populismo será vencido cuando se convenza a los latinoamericanos que en el desarrollo no surge por arte de magia, y que solo nosotros somos responsables de nuestro destino. Enseñar incansablemente que no se pasa de la estera al rascacielos sin esfuerzo, y que el populismo nos estafa haciéndonos creer que el desarrollo es fácil o sin sacrificios”  

Como vencer al populismo en América Latina

El pueblo se siente parte del proceso político, aun cuando en ese proceso se socavan sus libertades económicas y políticas. Siempre que existe un pueblo, se crea al anti-pueblo, aquellos críticos del liderazgo mesiánico del gobernante, aquellos que buscan la democracia y los valores republicanos, en derivaciones autoritarias del mandatario. La existencia de la pluralidad, es negada por el populismo, bajo el pretexto de traición a la patria, aliados del imperio y del capitalismo global. El crítico deja de ser ciudadano, deja de poseer individualidad y lo encuadran en una masa enemiga. El Estado se pone como misión la persecución de la otredad enemiga en nombre de la Democracia.

La democracia liberal se ve derrotada por un populismo que apela a la movilización constante, a la espectacularización de la política, que bajo la mera democracia representativa no se ve alcanzada. No importa que esa movilización implique subyugación, desindividualización y una constante política liberticida, ya que el relato, habla en nombre de la soberanía nacional y la libertad de los pueblos.  Las consignas masificadoras de la voluntad populistas son vaguedades lingüísticas y emocionales que en pos de la radicalización de la masa y su activación como grupo que expresa el pueblo, prometen un paraíso en la tierra.

Se dicotomiza la existencia de la sociedad, que ajena a todo principio liberal de cooperación social y beneficio mutuo, impulsa la enemistad, la famosa grieta, que expresa la violencia no sólo en su categorización sino en su accionar. Dicha separación sirve como justificación eterna de la violación del Estado de Derecho y de las libertades individuales. Los problemas son puestos bajo la carga de aquellos que atentan contra la revolución popular: “Patria sí, colonia no”, “Fuera Buitres”, “Gorilas”, “Fachos neoliberales”, “Liberalotes”, etc.

No existe posibilidad dialógica entre dos antagonismo no sólo irreconciliables, sino también destinados a ser erradicados. Muchos liberales en Argentina, bajo una clara lectura Randiana, expresan que vivimos en un país de saqueadores, de los que trabajan y los que viven del trabajo ajeno. No es el mismo tipo de dicotomización,  no sólo por la veracidad fáctica, sino que no promueve la caza de brujas en plazas populares, la censura, la persecución fiscal, totalmente contrario a aquellos grupos estatistas.

Los odios clasistas y nacionalistas son encarnados por el populismo que, ajeno de toda racionalidad, impulsa un culto por la acción, una negación de la modernidad (en todos sus aspectos), y promueve una idílica realidad que será construida con la redención de las almas bajo el establecimiento de un mesías (o una como en la triste experiencia Kirchnerista), que tiene tintes sobrenaturales ya que posee todo el conocimiento. Es fuente de consulta para la vida y los demás se deben a esa persona. Es adulada como conductora a la redención popular. Es como si en esa persona no aplicase la ignorancia eterna del sujeto (siempre hay cosa que no sabemos). Llevado al extremo sólo somos conscientes de nuestra propia ignorancia (Platón) o de nuestra existencia.

Ahora es preciso hallar la solución. El liberalismo no debe buscar la solución en líderes antiliberales como algunos en mi país buscan, fijándose en ciertas propuestas pro-mercado, se adula a ciertos personajes, pero no se observa el contenido religioso y medieval de sus postulados; filosofía antiliberal por excelencia y anti-individuo. Debemos lograr que la democracia liberal y la economía de mercado sean un discurso convincente.

No debemos apelar a la irracional razón populista que apunta a un cortoplacismo de la bonanza en pos de un futuro que entra en crisis. Los valores imperantes en la sociedad populistas son los que primero se deben vencer. Esas condiciones de reproducción de la sociedad populista no hacen fértil ningún cambio de rumbo. La individualidad ciudadana debe reivindicar nuevos valores que difieran del establecimiento del estatismo y el autoritarismo. Por ello hay que apuntar a un liberalismo más popular, en zapatillas como diría un conocido mío.

No sirve de nada la crítica en abstracto, pero tampoco negociar con un señor feudal para derrotar al rey. Debemos ir a pelear en ámbitos esencialmente populistas, donde en lo popular gana lo masificador y la cultura de la dádiva. Debemos esclarecer qué perspectiva se quiere. Más tarde o más temprano, debemos sentar las bases de acuerdos en torno a los valores liberales. Debemos subjetivizar el discurso masificador y reivindicar la noción individual frente a la opresión estatal. Así también debemos contextualizar la propuesta y no quedarnos en lo teórico.

Hay más cosas que hacer y probablemente no dije ni el 10% de ellas. La queja sin acción es el triunfo de la cuestión populista, pero el accionar sin queja y reflexión del accionar es el populismo encarnado en quienes producen esa manera de ser.

 

Este artículo fue escrito por Brian Frojmowicz, Coordinador Local de EsLibertad Argentina.


Este artículo expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente la de la organización en su totalidad. Students For Liberty está comprometida con facilitar un diálogo amplio por la libertad, representando opiniones diversas. 

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