El conflicto venezolano y el debate de las ideas

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El conflicto venezolano y el debate de las ideas


El estado de miseria generalizado, el cual se ha intensificado desde 2016, ha producido una desconexión irreversible entre la población y las figuras que ejercen el poder de facto en Venezuela. A pesar de los mecanismos de asistencialismo, los individuos -desde cualquier punto del espectro ideológico- aborrecen el status quo, lo cual lleva a establecer (apresuradamente) que lo que hoy se vive no es una confrontación de visiones. Ese postulado no es del todo cierto, porque no se pueden desintegrar las acciones de las ideas que las sustentan.


Oswaldo Silva Martínez 

Internacionalista | Staffer EsLibertad


En Venezuela ha ganado terreno el paradigma de la no clasificación de las propuestas o cursos de acción políticos según corrientes de pensamiento o ideologías concretas. Esto es una mixtura entre la noción de obsolescencia de la dicotomía derecha vs. izquierda, y también del resultado del pragmatismo en la política propiamente dicha, donde gobernantes y pretendientes se mueven según las circunstancias y pareciera -en su mayoría- que ninguno fundamenta sus acciones en valores y principios sólidos.

Ahora bien, ese intento de prescindir de ideologías también es el resultado de la práctica de los partidos políticos y la metodología para la formación de su militancia. Últimamente, hemos experimentado la transformación del ejercicio de la política en el marketing electoral. Lo cual, a su vez, es herencia de años de implementación de la estrategia de la conquista de espacios, es decir, la acumulación de cargos de elección popular para allanar el terreno ante elecciones presidenciales.

Cabe destacar que, abrazando esta noción, se ha perdido la oportunidad de diferenciarse de la corporación que hoy usurpa la gran mayoría de instituciones públicas en Venezuela.  Refugiándose en el mito de la incapacidad del venezolano para aceptar políticas públicas y marcos legales distintos a los que propician el asistencialismo, los dirigentes partidistas han obviado ofrecer alternativas reales a la precaria situación social, política y económica que atraviesa el país.

Esto se ha visto exacerbado hoy día, cuando los problemas ya se han desbordado y los ciudadanos se niegan a prestarse al mantenimiento del sistema. La grave crisis humanitaria que atraviesa Venezuela fue el ultimátum para aquellos que por afinidad ideológica aun apoyaban al régimen y sus propuestas. Así, se ha llegado a un 85% de la población que reprueba la gestión heredera de Hugo Chávez, y eso ha conducido al incremento de las violaciones de derechos humanos para frenar los factores detonantes de un desenlace.

Afortunadamente, el venezolano ha aprendido a identificar a los responsables de su miseria, aunque pareciera no identificar todavía las ideas en las cuales se fundamentan. Es positivo que la dicotomía unos contra otros se haya disipado, superando de una vez por todas la inexacta concepción de que el conflicto venezolano se resumía a la competencia entre gobierno y oposición. Hoy, está claro que es un nosotros (la inmensa mayoría de gente de bien) contra un ellos (los que usan el Estado para delinquir y están dispuestos a matar para mantenerse en el poder).

Ahora, lo que si es desafortunado, es que se pretenda desdibujar la relación de causalidad entre un movimiento político y su propuesta ideológica, de las políticas públicas, sus efectos y la administración de sus efectos. Si tememos sostener en público que Hugo Chávez y su MVR (luego PSUV) propusieron el socialismo y lo implementaron, que eso trajo consigo expropiaciones y la destrucción de la iniciativa privada con la intención de hacer que la población dependiera del Estado y quienes lo administraban, estamos tentando a que este proceso se repita.

La nueva y exacta dicotomía de nosotros contra ellos, que muy bien puede elevarse a la categoría oprimidos contra opresores, debe -necesariamente y por fines ulteriores- estar acompañada de una explicación sobre quienes y porqué somos nosotros y quienes y porqué son ellos.

Es importante destacar que el nosotros significa cooperación voluntaria, trabajo, progreso, solidaridad, innovación y solución, todo esto fundamentado en el respeto de la vida, propiedad y libertad de cada uno. Mientras que el ellos significa perversidad, corrupción, atraso, delincuencia, destrucción y problemas, todo fundamentado en la envidia, el resentimiento y en la imposición del colectivismo.

Aunque del lado correcto de la historia -y no es un atrevimiento afirmarlo- coexisten ideologías en mayor o menor grado disímiles, el llamado a la cooperación no puede partir del desconocimiento a los nefastos resultados que se obtienen cuando se llevan a la realidad algunas ideas en concreto. La fundación de una República real no se da exclusivamente por el cálculo político del momento; los valores y principios que la sustentan debe ser sólidos y no pueden contradecir la propia naturaleza del orden que se pretende establecer.

En ese orden de ideas, es entendible también que no se rechace a quienes, con la buena intención de cooperar con el cambio, no asuman los mismos valores que nosotros. Pero, el discurso si debe ser claro, fuerte y contundente.  Porque el cambio profundo que requiere Venezuela no va a surgir de un todo se vale.

Es imperativo que se expongan las causas reales de la miseria que atraviesa Venezuela, y como estas parten de los fundamentos del socialismo. Eso lo sabe el ciudadano común, por eso es inaceptable que las élites lo omitan y pretendan dejar el terreno despejado para que este funesto experimento humano se vuelva a realizar.

 

 


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Este artículo expresa únicamente la opinión del autor y no necesariamente la de la organización en su totalidad. Students For Liberty está comprometida con facilitar un diálogo amplio por la libertad, representando opiniones diversas. 

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