Una nueva lucha ideológica en pro del individuo

Una nueva lucha ideológica en pro del individuo


El ser humano se ha caracterizado por querer vivir cada vez mejor y con más libertades, y ese anhelo carece de límites. No existe una situación ideal, el hombre siempre puede y desea estar aún mejor. Y para ese propósito es necesaria la libertad personal, que nunca deja de ampliarse.


Nicolás Chocobar

Coordinador Local de EsLibertad Argentina


Reformulando La Batalla Cultural Contra El Colectivismo

Si miramos la historia del mundo durante los años de la Guerra Fría, notaremos fenómenos muy frecuentes en lo que respecta al ataque de los gobiernos contra la autonomía económica y personal de los individuos. Esto era frecuente en todos los estados nacionales del mundo, exceptuando en cierta medida a las democracias occidentales núcleo de la tradición cultural anglosajona: Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Con la salvedad de esos cinco países, durante ese período de tiempo, el mundo entero sufría del totalitarismo de sus gobiernos e instituciones locales. Este totalitarismo provenía de diferentes fuentes, tenía distintos caracteres y generaba consecuencias desastrosas diversas.

Desde ningún sector del pensamiento se puede negar que ese viejo mundo era sumamente injusto y lamentable en comparación con todas las ventajas y libertades de las que goza la humanidad hoy en día, ya encarando la tercera década del siglo XXI. El ser humano padecía todo tipo de aberraciones y éstas estaban socialmente aceptadas. La esclavitud seguía siendo legal en numerosos países hacia 1946. El racismo y el sexismo, quizá las dos formas más aberrantes de colectivismo, eran moneda corriente y eran en gran parte el modo en el que las sociedades se organizaban para mantener el status quo. La pena de muerte y las torturas eran castigos generalmente infligidos a las personas desde la decisión de una autoridad estatal ejecutiva central, llámese monarca, líder dictador o camarada socialista.

Todas estas prácticas moralmente y materialmente violentas puestas en marcha por los gobiernos de las naciones en aquella época de antaño han disminuido y en muchos rincones del mundo casi han desaparecido definitivamente desde la caída del Muro de Berlín en 1989 hasta hoy en día, 30 años después.

La paradoja de la inocencia, la felicidad humana y el conservadurismo social

Hecha esta introducción, vale reflexionar sobre un fenómeno paradójico que se presenta en las sociedades oscurantistas en períodos históricos anteriores y aún hoy en día. Es evidente que la narración de la historia se encuentra minada de momentos bisagra llamados revoluciones. Ha habido revoluciones de todo tipo en múltiples naciones a lo largo de toda la historia, no solamente en la Edad Contemporánea. Estas revoluciones derrumban los status quo previos y llevan, brusca o gradualmente, hacia cambios en el estilo de vida de los seres humanos, cambios voluntarios y que se relacionan siempre, o bien con una mejora en el estilo de vida promovida por innovaciones en la forma de producir bienes y servicios, o bien con una ampliación de las libertades personales de los individuos, el famoso romper las cadenas de la opresión.

El ser humano se ha caracterizado por querer vivir cada vez mejor y con más libertades, y ese anhelo carece de límites. No existe una situación ideal, el hombre siempre puede y desea estar aún mejor. Y para ese propósito es necesaria la libertad personal, que nunca deja de ampliarse.

Sin embargo, las sociedades reprimidas por sus gobiernos, por poner ejemplos: la España franquista o Corea del Norte hoy en día, pueden darse el lujo de mantener estándares de vida organizados que alejan a los individuos del sufrimiento de tener que esforzarse por sí mismos para cosechar los frutos de su propia libertad. Esto sucede porque los Estados bajan línea de cómo debe ser el estilo de vida aceptable de los individuos de una determinada nación por el sólo hecho de pertenecer a la misma. Este fenómeno se vale de formas nuevas de oscurantismo. Los mil veces escuchados de eso no se habla, eso no se consume, eso es una inmoralidad. Es decir, tabúes.

Los tabúes son siempre y en todo lugar, un hecho colectivista: los preceptos morales religiosos impuestos a los individuos de una manera verticalista y oscurantista, la moralidad hipócrita de la izquierda que condena el éxito económico de los individuos, y el nacionalismo rancio y exacerbado del populismo.

Mi conclusión respecto de esta paradoja es que los individuos eran y son más felices debido a la inocencia, al hecho de aún no poder ver aquellas cosas que incomodan y que deben ser reformadas, pero una vez que son capaces de rebelarse, deben hacerlo, porque de eso se trata la naturaleza racional del hombre.

La transformación gradual de la coacción colectivista

Es necesario observar cómo el colectivismo ha mutado hacia nuevas formas partiendo desde comienzos de los años 90 hasta nuestros días, finalizando la década de 2010.

A mediados de los 90, la sociedad era visiblemente más conservadora, inocente y pacata. Pero esto era así en gran parte debido a las limitaciones económicas que existían, no solamente debido a una mayor presencia del moralismo, el conservadurismo social, la superstición y el absolutismo religioso.

La sociedad de hoy en día, que comienza la década del 2020, es sin ninguna duda, mucho más avanzada en cuanto a educación, parámetros de apreciación estética, variedades en los estilos de vida de los individuos y expresividad individuales. Somos una sociedad mucho menos uniforme y mucho más centrada en la libertad de decidir ser lo que cada uno decide ser. Eso es tremendamente positivo y por eso es necesario ir poniendo fin a todas las formas actuales de conservadurismo retrógrado, que sin duda son minoría.

Los desafíos liberales de épocas anteriores eran precisamente estos, revelarse contra la superstición absurda de las religiones, destruir los estándares moralistas de qué es lo moral y aceptable, es decir acabar con toda forma de oscurantismo. Hoy en día, los desafíos liberales empiezan a ser otros, sobre todo en sociedades económicamente reprimidas por sus gobiernos.

Existe un fenómeno nocivo que es intermedio, porque tiene características de ambos mundos, el conservador y el neo-socialista. Es el fenómeno de las pseudociencias. En un contexto de libertad total, los individuos suelen decidirse por consumir productos, servicios e ideas producidas por predicadores de estas fantochadas supersticiosas que pretenden ser ciencia. Para combatir este flagelo, son necesarias autoridades reguladoras que supriman o limiten este avance, no financiadas por impuestos, sino por aportes voluntarios y pensando en la protección honesta de la salud y el conocimiento científico responsable.

La izquierda es el enemigo colectivista a vencer en la batalla cultural actual

Para concluir, el pensamiento neo-socialista de hoy en día ha adoptado en gran parte la estética y la discursividad del oscurantismo totalitario de antaño. Ninguna revolución debe significar tratar a los revolucionarios como ganado, sino que debe tener por único objetivo ampliar la libertad personal y la productividad económica de los individuos cada vez más.

Así como los creyentes nos condenaban a muchos de nosotros por ser los únicos ateos herejes que no iban a la iglesia o hacían catequesis, hoy en día los portavoces izquierdistas agreden a aquellos que descreen de las bondades del Estado presente, la justicia social y la falsamente llamada redistribución de la renta practicada por la arbitrariedad sociopática de la política.  


Esta publicación representa únicamente las opiniones  del autor y no necesariamente la posición de Students For Liberty Inc.  En el Blog de Estudiantes por la Libertad abogamos por el respeto a la libertad de expresión y el debate de las ideas.

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